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lunes, 17 de noviembre de 2008

La Universidad de El Salvador no es una república independiente.

Venga como venga, acepto las acusaciones. Vale, que puedo ser una antidemocrática capitalistoide represora pro-gobierno, ya que somos todos tan dados a clasificar a la gente por calificativos para asignarla a un grupo y atacarla más fácil. Sin embargo, como estudiante de la Nacional, aunque esté en el extranjero, celebraría que la policía entrara a sacar a quienes tienen tomados los edificios de rectoría.

"¿De qué hablas?", podría decir alguien que no sea salvadoreño, o incluso algún salvadoreño despistado.
Hablo de la toma de los edificios de rectoría perpetrada por un grupo de delincuentes que se hacen llamar trabajadores y estudiantes.
El ex-secretario general de SETUES (Sindicato de Trabajadores de la UES), Alfredo Martínez, fue despedido tras una toma de edificios en 2006 que casi llevó a la cancelación del año académico. Martínez, además, tiene historial de violencia contra los estudiantes. El semestre anterior golpeó hasta quebrarle el brazo a una chica de medicina, ha lanzado cohetes contra estudiantes y trabajadores infinidad de veces (y servidora escapó una vez de uno de esos cohetes por muy poco), y se dice que ha amenazado gente con arma de fuego. De esto último no tengo constancia y lo dejo como un rumor.

La toma se da para exigir el reinstalo de Martínez y otras perlas que fueron despedidas con él y para destituir al rector. No lo niego. Rufino Quezada no es el rector que yo quería y ha sido incapaz de manejar la crisis. Aún así, es el rector que los "estudiantes" que tienen tomados los edificios quisieron, que convencieron a todo mundo para que votara por él así que yo, honestamente, sólo puedo decirles "Jódanse". Yo no voté por él, él no es mi rector y, por las dudas, él les prometió miles de cosas a ustedes, no a mí. Me daré el gusto de pensar un "ya sabía yo" monumental, seguido por risas malévolas (Mwahahahahaha y eso).

Que reinstalen a Martínez sería una prueba final de debilidad de parte de las autoridades (aunque hay sectores estudiantiles que aparentemente quieren eso), y una muestra de que los medios ilegales han conseguido algo una vez más en ese circo que se llama Universidad de El Salvador.
Que cada semestre haya por lo menos un cierre, que los "representantes estudiantiles" en las organizaciones sean gente que tiene unos 10 años más que la edad promedio de los estudiantes y nunca se les vea en las aulas de clase, que un ordenanza pueda seguir paralizando la universidad cuando le de la gana, que el rector tenga que aguantar que los estudiantes lleguen a insultarlo a las reuniones del Consejo Superior Universitario, que sigan pensando que todos los que estudiamos allí somos terroristas son distintas pistas del circo. Acaso habrá muchas más que no veo o no recuerdo ya mismo, pero creo que con ese ejemplo basta.

La universidad alberga la única facultad de ciencias exactas del país, pero, ¿qué más da? Mejor hagamos el ridículo reubicando a todos los que no quedaron en ninguna carrera allí.

La escuela de física tiene que fabricar su propio equipo experimental, pero, ¿a quién le importa? Mejor nos vamos a gastar el dinero para laboratorios aumentándonos el sueldo a todos en más o menos 5 dólares.
Somos más los que tenemos ganas de estudiar y hacer algo de nuestra vida, pero, ¿quién lo apoya? Es más fácil quemar cabinas telefónicas y liarse a piedras con la policía en marchas, para que se convenzan de que los "terroristas" son más.

Es más fácil decir que la universidad no sirve para nada y que es un nido de comunistas, como se despacha tan a gusto tan frecuentemente el director de uno de los principales periódicos del país. Así quien quiera puede seguirlo creyendo. Y casi podría decir que no le falta razón del todo.

Quiero que entre la policía y los desaloje. A los falsos estudiantes y a los delincuentes de los sindicalistas.
La universidad es autónoma, sí, pero no es una república independiente. La excusa de la autonomía no tiene por qué validar que criminales hagan lo que quieran con el campus.

Así, hoy por hoy, la Universidad de El Salvador no puede llamarse universidad.
Me avergüenzo.